EL DIABLO EN EL INFIERNO
No pudiendo disimularse a si mismo su debilidad, no pensó más que en la manera como podía poseer a la joven sin hacerle perder la buena idea que ella tenia de su religión y de su virtud.Con tal propósito, le hizo varias preguntas, y vio, por las respuestas, que aquella muchacha era la simplicidad misma y que no tenía la menor idea de lo que era el mal. Convencido de su inocencia, le vino la idea de cubrir sus deseos carnales con el manto de la devoción. Para llegar a satisfacerlos, comenzó por decirle a la muchacha que el diablo es el peor enemigo de la salvación y que la obra más meritoria que podían hacer los cristianos es la de enviarlo al infierno, lugar a que el Señor le ha condenado.- ¿Y cómo se hace eso?- preguntó la joven- Ahora mismo lo vas a saber, mi querida niña - repuso el padre Rústico - No tendrás que hacer para saberlo más que lo que me veas hacer a mi.El ermitaño se desvistió y la angelical criatura hizo otro tanto. Luego, él se puso de rodillas delante de ella, como si fuera a adorarla y la hizo que se colocara enfrente de él. En aquella situación, y al sentirse Rústico invadido de deseos más ardientes que antes al ver tanta lozanía y hermosura, se operó la resurrección de la carne. Al ver aquello, Alibech, toda asombrada, le dijo a Rústico.- ¿Qué es eso que tenéis ahí, que avanza y se mueve de esa manera, y que yo no tengo?- ¡OH! Hija mía, es el diablo, del que acabo de hablarte. Mira cómo me atormenta, cómo se agita. Apenas puedo soportar el mal que me hace.- Puesto que es así, y ya que yo tengo el infierno, vos podéis meter en él al diablo, cuando os parezca.- ¡Que Dios te bendiga! - repuso Rústico vamos, pues, a meterlo para que me deje en paz.Dicho lo cual, la llevó a uno de los lechos y le enseñó que postura debía adoptar para aprisionar aquel maldito diablo.La joven Alibech, que nunca había metido al diablo en el infierno, experimentó un gran dolor ante la acometida de aquél, por lo cual dijo:- En verdad, muy malo y un tremendo enemigo de Dios debe se ser este diablo, pues hasta el momento en que se mete en el infierno causa mal.- Estad tranquila, mi querida niña - repuso Rústico - no sucederá siempre así.Ya para demostrar que tenia razón en lo que predecía metió por seis veces al diablo en el infierno antes de levantarse de la cama, lo que de tal modo colmó su orgullo, que por el resto del día, el diablo dejó al hermano Rústico en paz.Los días siguientes reanudaron la guerra contra el diablo, y la joven, siempre obediente, no tardó en experimentar un dulce placer.- Por lo que veo - le dijo a Rústico - aquellas honestas gentes de Capra tenían razón cuando decían que nada es más agradable que servir a Dios devotamente, pues no recuerdo haber gozado en toda mi vida de un placer parecido a éste que experimento ahora metiendo y volviendo a meter al diablo en el infierno. De donde deduzco que quienes no se ocupan de servir a Dios son unos grandes imbéciles.De tal suerte, no dejaba un momento tranquilo a Rústico, y le decía sin cesar:- Padre mío, he venido hasta aquí para servir a Dios y no para estarme sin hacer nada; vamos, pues, a meter al diablo en el infierno.